Salvador Escolá Arimany (Sarriá, Barcelona, 1854-Madrid, 1905). Pintor español. Tras ser becado por la Academia de Bellas Artes de Barcelona, marchó a Roma para completar su formación.

De regreso a la Península, se instaló en Barcelona, para desplazarse después a Zaragoza en compañía de su hermano, el fotógrafo Lucas Escolá. En 1884 contrajo matrimonio con María Sabaté, hija de Gregorio Sabaté, uno de los pioneros de la fotografía en Zaragoza. En estos primeros años se dedica a la experimentación pictórica y muestra especial interés por los efectos de la luz artificial y por el claroscuro.

La epidemia de cólera de 1885 y la falta de salidas profesionales en Zaragoza obligan al pintor y a su esposa a emigrar. En un primer momento piensan dirigirse a Brasil, pero en Lisboa, cuando iban a embarcar rumbo a Sao Paulo, el encuentro fortuito de un amigo les hace cambiar los planes: al prometer éste introducir al pintor en la corte de Luis I (1861-1889), deciden finalmente permanecer en la capital portuguesa. Allí residen Salvador Escolá, su esposa y sus hijos hasta 1895, primero en Lisboa y después en Oporto. En Portugal el pintor logra el éxito: es solicitado para retratar a varios miembros de la familia real (incluidos los monarcas Luis I y Carlos I, 1889-1908, cuyos retratos pinta en 1888 y 1897, respectivamente) y a diversas personalidades de la vida política y cultural del país (gobernantes, nobles, escritores, periodistas).

En 1895 se le encarga desde España el retrato de Práxedes Mateo Sagasta (1827-1903), jefe del Partido Liberal. El resultado acredita aún más el prestigio del pintor, como testimonian las reseñas de la época, en las que se considera el cuadro “una admirable obra de arte”.

De vuelta a España, establece su residencia en Madrid, donde recibe importantes encargos institucionales, como el retrato de Segismundo Moret (1838-1913), presidente de las Cortes.

Entre 1896 y 1898 se desplaza a Portugal para cumplir con diversos encargos, entre ellos el retrato de Carlos I.

Al comenzar el nuevo siglo, cuando Salvador Escolá ha conseguido el reconocimiento profesional y su consagración como pintor es un hecho, se le propone entrar a formar parte de la Academia de San Fernando, pero declina el ofrecimiento.

Es entonces también cuando se le reclama en palacio para que pinte el retrato ecuestre de la reina regente María Cristina (1885-1902), madre de Alfonso XIII. Concluido el cuadro, la reina manifiesta su desagrado por no haber seguido el pintor las directrices que le había marcado, y le devuelve el retrato. Escolá defiende su libertad creativa y se niega a efectuar los retoques que se le piden. Se inicia a continuación un declive en su carrera, que coincide con diversos problemas de salud. Muere a los cincuenta y un años.

Salvador Escolá es un pintor realista, de técnica depurada que llega en ocasiones a una perfección casi fotográfica, matizada a veces por ecos cercanos al Romanticismo y siempre por un inteligente uso de los efectos de luz, con los que logra dotar a la persona retratada de una intensidad expresiva de singular hondura. Su pintura es sobria, sin concesiones a la moda, enemiga de lo accesorio y ornamental, una pintura que brilla especialmente en algunos cuadros en los que el retratado emerge, pleno de luz, de un fondo gris, desnudo, de aire velazqueño, así como también en sus deliciosos retratos de niños, con los que compone imágenes de singular ternura, difíciles de olvidar.